17/1/17

Tratando la adicción a internet [17-1-17]

Tratando la adicción a internet

El doctor Elias Aboujaoude trata a pacientes que sufren de una condición particularmente moderna: el uso patológico de la red global. ¿Quiénes sufre de esa aflicción y cómo se les atiende?

Los pacientes del doctor Elias Aboujaoude sufren de una condición particularmente moderna: el psiquiatra trata a usuarios patológicos de internet. Así se lo explicó a la revista BBC Focus.


Los trastornos causados por internet, ¿están reconocidos por el mundo médico?

Todavía no han sido verificados por estudios. Hasta que estos sean llevados a cabo, no podemos calificar con credibilidad algo como un trastorno o patología. Pero lo que mis colegas y yo vemos son personas transformadas en una versión diferente de ellas mismas en linea. Narcisismo, impulsividad, regresión y grandiosidad son trazos de personalidad que emergen en muchos individuos y tienen consecuencias reales sobre su vida fuera de internet.


¿Por qué empezó a tratar trastornos originados por la red?


"Tengo pacientes que son estudiantes de 17 años que son adictos a los videojuegos, y jubilados que se han enamorado de la red"

Vivo en Silicon Valley: el lugar de nacimiento de la red. La gente empezó a venir a nuestra clínica diciendo cosas como "Mi mujer me quiere dejar porque espero que se vaya a dormir para poder revisar mi correo electrónico una vez más". O, "mi jefe me ha amenazado con despedirme por mi inapropiado uso de internet".

Llevamos a cabo el mayor estudio hasta la fecha sobre la adicción a internet que nos mostró que es un fenómeno muy extendido. Y eso fue en 2006, antes de que el uso de Facebook y los teléfonos inteligentes se disparara.


¿Quién es su paciente típico?

Nosotros esperábamos que el típico perfil fuera un varón de unos veinte años, obseso de la informática, pero resultó que la media de edad era los cuarenta y pocos y no había una desproporción entre varones y hembras.

Tengo pacientes que son estudiantes de 17 años que son adictos a los video juegos, y jubilados que se han entusiasmado con la red. Entusiasmados hasta el punto que gastan su dinero en cosas que no necesitan o se juegan sus ahorros.


¿Qué otros problemas observa?


"Pero esto no es como tratar la adicción al alcohol, donde el fin es a menudo parar completamente. Hoy en día no puedes ser un individuo de la sociedad completamente funcional si no tienes conexiones con la red"

Un problema que veo repetidas veces, es personas que construyen perfiles muy exagerados y adornados de ellos mismos para los sitios de búsqueda de pareja por internet.

Un ejemplo es una mujer que tenía cerca de treinta años y era muy ansiosa. Le gustaba la versión liberada y poco cohibida de si misma que colgó en linea, lo cual hizo que le costara más conocer gente en el mundo real. Quería mantener su relación virtual porque así no tenía que ocuparse de las ansiedades que plagaban su vida amorosa real.

Otro paciente empezó a sufrir de depresión cuando perdió a su madre y su trabajo y, como resultado de su baja autoestima, empezó a sospechar que su mujer estaba manteniendo una aventura. Instaló un programa informático que grababa las teclas que pulsaba en su computadora y estuvo monitoreando su comportamiento en linea durante meses. No encontró nada sospechoso, pero acabó sintiéndose culpable hasta el punto de sentir deseos de suicidarse. Algo que parecía una solución rápida intensificó su depresión y casi acabó con su matrimonio.


¿Cómo trata a los pacientes?

"Si buscas en la red "adicción a internet", lo primero que aparece son páginas web diseñadas para desenganchar a las personas de la red. Eso me parece irónico"

Siempre analizamos si existen trastornos psiquiátricos que les ha empujado a mantener esa vida en linea.

Por ejemplo, en el caso de la paciente en el que su ansiedad le empujó a mantener relaciones virtuales, necesitamos tratar el problema primario que es la ansiedad social.

Después tratamos de desengancharlos de su vida en linea buscando actividades alternativas que les pueda aportar la misma estimulación, pero que les aparte de la red.

Pero esto no es como tratar la adicción al alcohol, donde el fin es a menudo parar completamente. Hoy en día no puedes ser un individuo de la sociedad completamente funcional si no tienes conexiones con la red.


¿Utilizan computadoras durante el tratamiento?

Si buscas en la red "adicción a internet", lo primero que aparece son páginas web diseñadas para desenganchar a las personas de la red. Eso me parece irónico.

La mayoría de mis pacientes son adultos y yo no estoy en posición de restringirles el uso de internet contra su voluntad.

Si mi paciente pasa mucho tiempo en una página web en particular que no conozco, la visito con ellos para que me expliquen qué tiene que tanto les atrae. Pero no lo hago de forma rutinaria, y de ninguna manera utilizó programas de tratamientos computarizados en mi trabajo.


¿Cuáles son sus vicios personales en linea?


Soy ciertamente más impulsivo y compro cosas a través de internet que no consideraría en la vida real. Paso más tiempo del que debiera en eBay porque me gusta coleccionar y este sitio es un santuario para eso. Me he mantenido lejos de Facebook. Temo que si no, me engancharía.


¿Cómo puede la gente evitar los efectos negativos del uso de internet?

Me gustaría que la gente se empezara a preguntar "¿me comporto diferente en el mundo virtual que en el real?" y de ser así "¿cuán diferente?". No nos preguntamos esas cosas, pero deberíamos hacerlo pues de otra manera nos estamos metiendo en un experimento psicológico enorme y las consecuencias son desconocidas.

14/1/17

¿Tiene la resolución de romper un hábito adictivo? [14-1-17]


¿Tiene la resolución de romper un hábito adictivo?

Sea cual sea la adicción (drogas, apuestas, a las compras, fumar, alcohol u otras), la gente que desea abandonar su hábito en en año nuevo podría encontrar esta nueva publicación de la Universidad de Harvard de ayuda.
"Overcoming Addiction: Paths toward recovery" ("Venciendo la adicción: vías hacia la recuperación") ofrece una guía para romper con los hábitos adictivos no deseados. Los consejos aplican a todas las situaciones, porque lo que todas las adicciones tienen en común, según los expertos de la Harvard, es la manera en que el cerebro responde a las experiencias placenteras.

Para romper el patrón, recomiendan los siguientes pasos que aumentan las probabilidades de éxito:

  • Buscar ayuda y crear una red de respaldo. Obtenga información, consejos y respaldo de sus pares y también de profesionales. Comience con su médico o un centro comunitario de salud mental, un plan y, si es necesario, medicamentos para ayudarle a comenzar. Pida ánimo y respaldo a sus familiares, amigos y compañeros de trabajo.
  • Fijar una fecha para abandonar el hábito. A algunas personas les resulta útil elegir una fecha significativa, como su cumpleaños o aniversario.
  • Cambiar el ambiente. Eliminar los recordatorios y tentaciones del hogar y el lugar de trabajo puede hacer que sea más fácil abandonar el hábito. Por ejemplo, sacar el alcohol, sacacorchos y copas de la casa puede ayudarle a dejar de beber. No permita que otras personas traigan recordatorios a su casa. Y si es necesario, rompa las relaciones con las personas que fomentan su afección.
  • Aprender nuevas habilidades y actividades. Encuentre algo para reemplazar la adicción y ayudar a vencer las ansias. Muchas personas encuentran que el ejercicio es una buena actividad sustituta para ayudar a combatir la tentación.
  • Revisar los intentos anteriores de abandonar el hábito. Fíjese en qué funcionó, qué no, y qué podría haber llevado a retomar viejos hábitos. Haga los cambios adecuados.

11/1/17

Cuando el móvil es la droga

Cuando el móvil es la droga

Los programas clínicos para tratar la adicción a las nuevas tecnologías parten de la experiencia obtenida con el tratamiento contra el cannabis

elperiodico.com

Si hace unos años, la mayoría de los casos de adicciones a pantallas se producían sobre videojuegos y consolas en el ámbito de casa, el uso de los móviles lo ha cambiado todo y ahora son las redes sociales las que llegan a provocar un consumo casi constante y lo que es peor, advierten los expertos, en cualquier espacio. Eso y la propia condición de algo que se sabe que interfiere en la vida personal pero a lo que no se pone remedio ha hecho que los terapeutas, incluidos los de hospitales como Sant Joan de Deu o Bellvitge, consideren la adicción a las pantallas desde la perspectiva de las drogas y la aborden desde su experiencia en ese ámbito.

“Las pantallas no son una droga, pero la base de la adicción es la misma. Aquí no se trata de abstenerse completamente de ellas, como se hace con el cannabis o el alcohol, sino de pasar a hacer un uso responsable”, afirma Gemma Garcia Enrich, psicóloga y responsable del programa de adicción a las pantallas que ha iniciado la Diputación de Barcelona, destinado a reforzar los que ya ofrecen algunos ayuntamientos y que persigue orientar también a las familias que lo precisen. El centro Spott de Barcelona, que está especializado en adicciones juveniles a las drogas, atiende desde este otoño a seis chicos y chicas con un tratamiento psicológico gratuito para el que prevén una duración de entre seis meses y un año.

“Hablamos de adicción cuando hay un deseo incontrolado que se ven incapaces de parar aunque sepan que les trae problemas”, explica García Enrich. Los signos de alerta son, según la psicóloga, una tendencia al aislamiento familiar y social, el abandono de las actividades que les gustaban, un bajo rendimiento escolar, falta de horas de sueño, quejas de amigos y familiares, y agresividad cuando experimentan problemas de conexión o no se les deja conectarse frente al sentimiento de euforia al conseguirlo. "Y además, la mentira", señala.

“Cuando llegamos a la adicción, es porque hay siempre un problema previo. O les cuesta mucho parar con cualquier actividad que les gusta o hay problemas de relación social y las redes se convierten en un refugio ante la incapacidad de gestionar la soledad”, explica Jordi Bernabéu.

Este aspecto, señala, puede estar más allá de la familia, pero la implicación de los padres y hermanos suele ser parte de todos los tratamientos. “He tenido casos problemáticos en los que había problemas de comunicación familiar muy graves, como la incapacidad de poner normas o no haberse dado cuenta hasta que el problema era muy grave”, recuerda el psicólogo y educador.

“Si un padre saca el móvil en la mesa para leer un correo, el hijo se sentirá avalado para ver el Snapchat durante la cena”, afirma Marc Masip, psicólogo y fundador de Programa Desconecta. “Los padres se gastan cada vez más dinero en el móvil de sus hijos. Y estos se creen que le dedican su tiempo libre. No es tiempo libre, hay que hacerles entender que se lo quitan a otras cosas, como leer, hacer deporte, relacionarse… Y de media hora pasan a dos horas con facilidad, y por la noche nunca es tiempo de dormir. No descansan viendo series o conectados a redes sociales, porque la noche es el gran momento del chat adolescente. Reconocen que el rendimiento baja pero siguen… Ahí está el problema”, explica Masip.

Whatsapp, Snapchat, Youtube, las series y el videojuego online son las aplicaciones más adictivas. Y para Masip, habría que prohibir el smartphone hasta los 16 años, una tarea casi imposible cuando empiezan, admite, a los 10. “Los smartphone los carga el diablo”, sentencia. “Hay chavales que al final del tratamiento te dan las gracias, porque han recuperado el mundo”.

19/11/16

¿Qué tú haces quéee?: Peligrosas adicciones [19-11-16]

¿Qué tú haces quéee?: Peligrosas adicciones

Todo en exceso causa daño, pero hay adicciones que en verdad rompen el molde. Aquí te contamos sobre algunas de ellas.

La gente “rara” siempre ha llamado la atención. Desde atracciones en circos hasta reality shows, lo que se sale de la norma trae cola y genera controversia.

El comportamiento de algunas personas no es excepción. Hay quienes comienzan por un gusto hasta desarrollar una adicción que, en ocasiones, les cuesta la vida.

En un caso reportado del 2011, Samantha Jenkins, de 19 años,  comía hasta 14 chicles “sugar-free” al día. A nadie le pareció extraño hasta que “Sam”, como la apodaban, sintió malestar y fue llevada al hospital, falleciendo poco después, y se determinó que la causa de muerte fue falta de oxígeno en el organismo (hipoxia) causada por convulsiones por bajos niveles de sal, calcio y magnesio en su cuerpo. ¿La causa? El edulcorante (aspartame) en los chicles que tanto le gustaban, según reportó el diario The Daily Mirror de Inglaterra.

Todo en exceso causa daño, pero hay adicciones que en verdad rompen el molde. Aquí te contamos sobre algunas de ellas:

1.Papel higiénico: Una mujer identificada como Jade Sylvester se antojó de comer papel de baño durante su embarazo –se cree que porque su cuerpo le pedía celulosa- pero, a año y medio de parir, seguía con su “merienda” diaria. Se llegó a reportar que se comía un rollo al día.

2.Ketchup:
Melissa Ibbitson comenzó a echarle la salsa de tomate hasta al helado y llegó al punto de que se toma el condimento en vaso.

3.Gasolina: Aparte de que podría costarle la vida, una muchacha que fue solo identificada como Shannon en el programa “My strange addiction” de TLC aceptó que se tomaba unas 12 cucharadas del combustible cada día, aunque admitió que le causa dolor de garganta y malestar.

4.Jabón: Tempestt Henderson, de Florida, Estados Unidos, es adicta a comer jabón –de bañarse, de lavar ropa, etc.- y puede ingerir hasta cinco pastillas de jabón a la semana. Sus doctores determinaron que el trastorno se debía al estrés.

5.Ambientador de aire: En el programa de TLC se presentó el caso de una mujer que usaba los “air fresheners” como si fueran sprays bucales, llegando a rociarse la boca hasta 50 veces al día, gastando 20 latas a la semana.

6.Talco: Un caso reportaba que una mujer llamada Jade aspiraba talco de bebé y en 16 años  había consumido más de mil libras del compuesto.

7.Tierra: Las personas con esta adicción sufren de “geofagia” y se cree que lo ocasiona la necesidad de consumir fósforo, una señal de deficiencia nutricional.

8.Funerales: Este último no es comida, pero igual está de locos. Un hombre en Brasil (el primero en esta lista) hasta dejó de trabajar para ir a entierros. Durante los últimos 20 años, Luis Squarisi prende el radio para enterarse de si alguien ha muerto y, si no encuentra ninguna noticia, llama a los hospitales. Ha llegado a convertirse en una especie de celebridad.

17/11/16

El adicto jamás decide por sí mismo. Es la adicción la que decide por él [17-11-16]


El adicto jamás decide por sí mismo. Es la adicción la que decide por él

En el presente artículo, el director general de Clínica Capistrano, el doctor José María Vázquez Roel, profundiza en torno a un aspecto crucial del proceso de curación de una adicción: la relación entre el paciente y su terapeuta.

P.- Doctor, ¿cuáles son los aspectos más problemáticos, o más duros, en la vida de un adicto?


R.- Teniendo en cuenta que se trata de una vida sin libertad, sin autonomía, sin capacidad de decisión propia y, por supuesto, sin autoestima, se podría afirmar que una persona que sufre una determinada dependencia es una persona mutilada, en el sentido de que no está completa. Para estarlo, le falta un elemento primordial: decidir cuándo, cómo y por qué. Es decir, eso que llamamos libertad. El adicto jamás decide por sí mismo. No decide cuándo beber, cuándo dejar de apostar en el juego o cuándo dejar de inyectarse droga. Es la adicción quien decide por él.

P.- ¿No hay lugar para la esperanza en la evolución de un adicto?

R.- Claro que sí, pero ante todo tiene que existir, por su parte, una voluntad acérrima y consolidada para superar su adicción. Y es en este terreno donde el terapeuta, o el equipo de terapeutas que le atienden, desarrollan un papel fundamental.

P.- ¿Bajo qué parámetros, o desde qué perspectiva, ha de desarrollarse esta relación entre el terapeuta y el paciente?

R.- Ante todo, el terapeuta debe procurar que su paciente aliente un sentimiento de esperanza frente a sus posibilidades de recuperación, porque sin esa esperanza cualquier expectativa de mejora resulta improductiva y se ve irremisiblemente frustrada. El paciente debe creer en sus posibilidades para encauzar su vida, para reponer su autoestima y reconquistar su libertad. Si no lo cree, si piensa que su situación se halla en un callejón sin salida, y que es imposible revertir ese contexto, el terapeuta no puede hacer nada por él. Porque, ante todo, es el propio paciente quien ha de decidir curarse y estar convencido de que ese objetivo está a su alcance.

P.- En este sentido, corresponderá al terapeuta proporcionarle las pistas adecuadas para abordar con éxito la recuperación…

R.- El terapeuta, en realidad, es un acompañante. Es alguien, dotado, evidentemente, de unos conocimientos técnicos profundos sobre su especialidad y con una experiencia profesional contrastada, que está, en consecuencia, capacitado para ayudar al paciente a andar el camino que ha de recorrer si quiere volver a ser una persona libre. Ahora bien, insisto en que si el paciente se niega a andar ese camino, si no pone de su parte, si no coge el toro por los cuernos y acepta protagonizar su proceso de recuperación, el profesional no logrará su objetivo, por mucha experiencia que atesora y muchos conocimientos técnicos que acumule.

P.- ¿Cuándo un paciente llega a un centro como Capistrano para participar en una terapia, ha de hacerlo siempre con esa motivación de querer curarse y de saber que es posible conseguirlo?

R.- En realidad, hay muchos tipos de pacientes. En Capistrano lo sabemos bien. Algunos llegan con la firme voluntad de curarse. Saben que atraviesan un mal momento pero están decididos a superarlo, aun siendo conscientes de que la meta es complicada y ardua. Otros, en cambio, recurren a nosotros como quien se agarra a un clavo ardiendo. Son hombres y mujeres que han perdido ya gran parte de sus esperanzas, y, en ocasiones, la fragilidad de su estado de ánimo constituye un contratiempo insalvable para la buena marcha de la terapia. En estos casos, es muy necesario que el terapeuta dedique sus esfuerzos iniciales a promover y fomentar la motivación del paciente, ayudarle a que no se vea a si mismo como un caso perdido, sino como alguien con voluntad propia que está plenamente capacitado para aspirar a una vida mejor, en la que las dependencias no tengan sitio.

P.- ¿Cómo se motiva a un paciente que no cree en su capacidad de recuperación?

R.- Escuchándole. Pero no me refiero a cualquier tipo de escucha, sino a una escucha activa que permita a terapeuta y paciente interactuar de forma eficaz y positiva. Por lo general, los pacientes con un problema de dependencia o adicción arrastran un enorme peso emocional y psicológico del que necesitan liberarse. Y la única manera de hacerlo es soltando ese lastre. ¿Y cómo? Hablando. Sabiendo que son escuchados. Esa es la forma más directa y efectiva que los terapeutas tenemos a nuestro alcance para ayudar a nuestro paciente.

P.- Entonces, resultará imprescindible condicionar al usuario para que hable…

R.- Sí, y a veces eso lleva también su tiempo. No se consigue necesariamente en la primera sesión, ni en la segunda. Hay que motivar al paciente para que nos otorgue su confianza y nos abra su mente y corazón.

P.- Hablaba usted, además, de una escucha activa…


R.- Así es, y me gustaría profundizar un poco en este concepto. Escuchar no significa tan solo oír palabras o frases. Escuchar es también observar cualquier forma de lenguaje, y no únicamente el oral, que nos transmita el paciente. Hay que observar sus gestos, sus posturas, sus miradas, sus reacciones, y, por supuesto, sus silencios. Los silencios son extraordinariamente importantes, porque tras cada silencio se esconde, a menudo, una realidad que el paciente trata de mantener oculta incluso ante él mismo. Es posible que si llegamos a la raíz de la razón de ese ocultamiento hayamos puesto los primeros y decisivos cimientos de la recuperación del paciente.

14/11/16

Cómo saber si te volviste adicto al trabajo y qué hacer para evitarlo

Cómo saber si te volviste adicto al trabajo y qué hacer para evitarlo

Hay una diferencia entre trabajar de más y estar totalmente enganchado con el trabajo; dónde está la línea que separa el esfuerzo de la obsesión

lanacion.com.ar

Todo el mundo admira a alguien que trabaja duro. De hecho, trabajar durante muchas horas y tener un gran sueldo es considerado por muchos como la marca del éxito en estos días.

Ser visto como un adicto al trabajo es una suerte de medalla de honor. Sin embargo, esta obsesiva necesidad de trabajar tiene un alto precio que se paga en salud, relaciones personales e incluso calidad del trabajo.

Por cualquiera que sea la razón, este tipo de dedicación al trabajo está llevando a más personas a terapias y sesiones de grupos en busca de ayuda. Incluso, se ha determinado que puede ser mortal, tal como lo advierte un estudio realizado recientemente por el gobierno de Japón, en el que se señala que una quinta parte de la fuerza laboral de ese país se encuentra en riesgo de morir por sobrecarga de trabajo.

¿Cómo advertir las señales de que se está en riesgo?


Un problema poco estudiado

En junio pasado se realizó en Reino Unido la conferencia internacional de Anónimos Adictos Al Trabajo. Y aunque al evento asistieron personas de todas partes del mundo, hasta ahora no se ha realizado mucha investigación al respecto.

De hecho, la adicción al trabajo no es reconocida como una condición médica en el Manual de Diagnóstico y Estadísticas de Desórdenes Mentales, de la Asociación de Psiquiatras Estadounidenses, el cual es tomado como el más completo en este campo.


Sin embargo, aun cuando no se cuenta con una definición, los investigadores están tomando nota de su impacto en la salud, en las condiciones de lugares de trabajo y en los problemas mentales.

Un reciente análisis de la Universidad de Georgia sobre los reportes cuantitativos existentes sobre esta materia encontró que las personas adictas al trabajo son menos productivas que sus colegas con actitudes más sanas hacia sus empleos.

Otro estudio a gran escala desarrollado por la Universidad de Bergen, en Noruega, estableció un vínculo entre la tendencia a la adicción al trabajo y otros problemas psicológicos, como ansiedad, depresión y desordenes obsesivo compulsivos.


¿Lo reconoces?

¿En qué momento la afición al trabajo se vuelve negativa? La adicción al trabajo es una compulsión; un deseo incontrolable de trabajar o de pensar en trabajo, explica el psicoterapeuta Bryan Robinson, radicado en Carolina del Norte, y quien ha realizado varios estudios al respecto.

Según el especialista, "esta adicción no se define por el número de horas trabajadas, sino por lo que pasa en nuestro interior". "Un adicto al trabajo es esa persona que mientras está esquiando, sueña con regresar al trabajo. Mientras que un trabajador saludable está en la oficina soñando que esquía", dice.

Robinson también se desempeña como consejero de personas que se han divorciado, o que fueron despedidas o sufrido una crisis como consecuencia de su obsesión al trabajo. Para ilustrar qué tan difícil puede ser este problema para las personas, y quienes se encuentran a su alrededor, Robinson recuerda un caso de una mujer que le decía a su esposo que iba al gimnasio, pero en realidad estaba en la oficina y solo se cambiaba la ropa y se rociaba agua en el cuerpo para hacerle creer que estaba sudada.

A pesar de que esta adición suele describirse con adjetivos como estar muy motivado, ser competitivo, ambicioso y productivo, en realidad "no hay muchos resultados positivos", agrega Clark.


¿Eres adicto?


¿No sabes si eres o no un adicto al trabajo? Las siguientes son algunas de las herramientas que pueden ayudarte a hacer una autoevaluación.

Investigadores noruegos crearon la Escala de Adicción al Trabajo de Bergen, la cual permite medir tu comportamiento, sentimientos y actitud hacia tu empleo.

La Asociación de Adictos Anónimos al Trabajo también cuenta con un cuestionario en Internet, que ayuda a determinar si necesitas ayuda, y como en todas las adicciones, el primer paso para combatirla es admitir que tienes un problema.

Para Robinson, quien se describe así mismo como un adicto recuperado, el tratamiento incluye concientización del problema, terapia, cambios en el comportamiento y exposición de problemas ocultos. "Todo tiene una raíz. A veces se trata de problemas de autoestima, otras evidencian formas de procesar la ansiedad", comenta.


Baja calidad

A pesar del tiempo que pasan en la oficina, los adictos al trabajo no son necesariamente quienes realizan las tareas mejor o ni los que mejor se relacionan con sus colegas. Así lo demuestran los análisis realizados por la Universidad de Georgia, dirigidos por la profesora de psicología industria y organizacional, Malissa A. Clark.

De acuerdo con Clark, quienes sufren esta adicción presentan elevados índices de estrés laboral, baja satisfacción con sus empleos, una aún más baja satisfacción con su vida personal y agotamiento extremo. También reflejan grandes conflictos entre su vida laboral y personal, y una pobre condición física y mental, todo lo cual se refleja en problemas para su entorno familiar y marital.

Por ejemplo, en el caso de Bob, de 61 años de edad y residenciado en California, admitir que tenía un problema fue producto de una discusión con su esposa, en la que ella le decía que estaba harta de despertarse a mitad de la noche y descubrir que él todavía estaba en la oficina.

Bob, quien prefirió no utilizar su verdadero nombre, ahora es voluntario en la Asociación de Adictos Anónimos, donde actúa en funciones de relacionamiento. "La droga de estos adictos es la adrenalina. El estrés, la presión, la crisis, las fechas límites, todo eso genera adrenalina y la habilidad de funcionar a un ritmo frenético", explica.

Bob era un hombre de negocios exitoso, pero su ritmo profesional comenzó a afectar su salud. A pesar de ello no busco ayuda, hasta que empezó a afectar su vida familiar. "Mi esposa ya no estaba dispuesta a seguir viviendo así, y eso me dio fuerzas para finalmente buscar este tratamiento con convicción y compromiso", recuerda Bob.


No es fácil dejarlo

El trabajo, como la comida, no sencillo de abandonar. Así que, ¿cómo controlar el impulso de esta adicción? "Se trata de tener un plan, y aferrarse a él, versus meterse compulsivamente en cualquier tarea que surja", señala Bob. Eso quiere decir, planificar cuantas horas dedicar a la oficina, enfocarte en una cosa a la vez, y si aparece algo inesperado no tratar de abordarlo, sino volver a tu lista de prioridades y reconsiderarla.

Otras opciones de tratamiento incluyen buscar un terapeuta especializado en este problema, o asistir a foros y seminarios. En este sentido, quizás el primer obstáculo para encontrar tratamiento es la falta de investigación. El estudio de noruego es uno de los primeros.

"No hay mucha investigación sobre cómo se desarrolla esta adicción, y casi no existen estudios sobre la relación entre este problema y los desórdenes mentales", explica Clark. "La adicción al trabajo dejó de ser una expresión de moda, y se convirtió en algo más corriente. Realmente afecta la vida de las personas y su bienestar", completa.

12/10/16

Tomar dos o más bebidas alcohólicas al día podría aumentar el riesgo de cáncer pancreático [12-10-16]

 Tomar dos o más bebidas alcohólicas al día podría aumentar el riesgo de cáncer pancreático

A pesar de ser una enfermedad mortal, existen pocos factores de riesgo conocidos del desarrollo del cáncer pancreático, por lo que es importante descubrir cualquier factor protector o de riesgo para de la enfermedad, incluso si la asociación es débil o pequeña

Los hombres y mujeres que consumen dos o más bebidas alcohólicas al día podrían tener un mayor riesgo de desarrollar cáncer de páncreas, según un estudio del Centro Médico de la Universidad de Georgetown en Estados Unidos. Los resultados del estudio se publican en la revista Cancer Epidemiology, Biomarkers and Prevention de la Asociación Americana de Investigación del Cáncer.

La investigación actual recoge datos de 14 estudios que incluían a 862.664 hombres y mujeres sobre su dieta y sus exposiciones ambientales antes de ser diagnosticados con cáncer de páncreas. Los autores identificaron a 2.187 personas diagnosticadas con la enfermedad durante el estudio.

Los resultados mostraron que si los individuos tomaban 30 o más gramos de alcohol al día, algo así como dos bebidas, en comparación con no tomar nada, su riesgo de cáncer pancreático era ligeramente superior.

Aunque los autores no descubrieron una diferencia significativa entre hombres y mujeres, la asociación entre consumo de alcohol y cáncer pancreático se observó entre las mujeres que tomaban dos o más bebidas al día.

En comparación, los investigadores observaron un mayor riesgo entre los hombres que consumían tres o más bebidas diarias. En lo que se refiere al tipo de bebidas alcohólicas no se descubrieron diferencias entre cerveza, bebidas espirituosas o vino.

Según explica Jeanine M. Genkinger, director del estudio, "a pesar de ser una enfermedad mortal, existen pocos factores de riesgo conocidos del desarrollo del cáncer pancreático. En este punto es importante descubrir cualquier factor protector o de riesgo para esta peligrosa enfermedad incluso si los riesgos son débiles o pequeños".


9/10/16

El contexto y la conexión humana: claves para prevenir las adicciones

El contexto y la conexión humana: claves para prevenir las adicciones

lanacion.com.ar.-Alberto Riva Posse

No todas las personas que experimentan un contacto inicial con las drogas se convertirán en adictos. Pero corren ese grave peligro. El uso al principio es voluntario y libremente elegido. El uso repetitivo y continuado daña las funciones del cerebro deteriorando la capacidad de ejercer control sobre su ingesta y volviéndolo sensible al estrés y los humores negativos.

Los estudios de Bruce Alexander, profesor de Psicología de Vancouver, buscaron comprender la importancia del ambiente en las adicciones. El potencial adictivo de una droga se evidenciaba con una rata sola en la jaula. El experimento consistía en ofrecerle agua dulce o agua con cocaína. Sucedió que un alto porcentaje de ratas solitarias se transformó en adictas. Entonces, el profesor construyó un parque para ratas (Rat Park). Se trataba de una amplia jaula de diversión en la que las ratas tenían plantas, pelotas de colores, escondites, la mejor comida para ratas, túneles para corretear y libre posibilidad de compañías sexuales.

En el parque de ratas, todas probaron los dos recipientes de agua: uno con azúcar y el otra con drogas. A muchas ratas no les interesó el agua con droga. Mientras antes las ratas que estaban solas e infelices se hicieron adictas, no ocurrió lo mismo con la mayoría que vivía en un entorno amplio con diversas opciones.


La jaula te condiciona

Después de la primera etapa de Rat Park se repitieron los experimentos iniciales. Las ratas estaban aisladas en pequeñas cajas y consumían la droga de forma compulsiva durante 57 días. Luego las sacaban del aislamiento y las situaban en el amplio parque para ratas. Lo que ocurrió fue interesante. Muchas ratas tuvieron síntomas de abstinencia, pero muchas dejaron de consumir y al tiempo volvieron a llevar una vida normal. La jaula "buena" las salvó, pero algunas continuaron adictas, en un porcentaje de todas maneras importante.

Haciendo un paralelismo con los humanos, si hoy un persona sale a correr y se rompe la cadera, probablemente le den opiáceos. En el hospital hay mucha gente que los recibe, como calmante por un largo período. El opiáceo que da el médico tiene una pureza mucho mayor que la que se consume en la calle. Al salir del hospital, raramente la gente anda por las calles pidiendo opiáceos para seguir con su hábito. Los consumidores por razones médicas en general lo dejan, a pesar de que se han estado drogando durante meses.

Esto nos da una visión más amplia acerca de la necesidad de entender a los adictos. Es real que los seres humanos tienen una necesidad profunda de apego, de crear y disfrutar vínculos. El amor al prójimo (recíproco) nos marca el camino de una satisfacción humana. Si no podemos conectar con las personas, idealizaremos y pondremos en un lugar de salvación divina cualquier cosa que encontremos, sea el zumbido de una ruleta o el pinchazo de una jeringa.

Entre otros factores muy importantes como los genéticos y biográficos, se puede considerar que un adicto a un opiáceo o la cocaína se ha adherido a ella en parte porque no ha podido vincularse con otra cosa hasta ese momento.

Se deduce que en la adicción como causa y tratamiento es necesario el reconocimiento del amor de los demás y la vinculación con ellos. Eso es la conexión humana.

En nuestro país y en el resto del mundo hay muchas muertes por toxicidad y sobredosis. Es evidente una desorientada búsqueda de felicidad en medio de un gran vacío existencial que lleva, por ejemplo, a los adolescentes a ingerir las pastillas en festivales que promueven el consumo.

La intensa repetición del uso abusivo de sustancias causa cambios del sistema nervioso que constituyen una "enfermedad cerebral crónica" (severa) en un porcentaje de un 10 a 15%, de muy difícil recuperación.

Las políticas despenalizadoras, muy opinables y controversiales, sólo serían razonables con la educación previa de la población y una toma de conciencia general sobre las consecuencias destructivas de las adicciones y la necesidad de una educación desde la vida familiar.

Abstinencia, medicación adecuada, reconexión afectiva familiar y social son la receta a aplicar en los centros de recuperación de adictos.